¿Quién pagaba por oír una historia cantada?

Hacia 1600 a alguien se le ocurrió que una historia entera podía cantarse de principio a fin. Esta unidad va de qué se inventó para que eso se entendiera, y de quién puso el dinero.

📅 20 de septiembre, 2026 #curso:3-eso #tipo:unidad #estilo:barroco #concepto:armonia #concepto:bajo-continuo #tema:opera #lugar:aragon
Portada de la Instrucción de música sobre la guitarra española, de Gaspar Sanz. Zaragoza, Herederos de Diego Dormer, 1674. Biblioteca Nacional de España, dominio público, vía Wikimedia Commons

Nos preguntamos

  • Si una historia se canta entera, ¿cómo sabes quién está hablando?
  • ¿Qué toca exactamente el que «acompaña»?
  • ¿Por qué en algunos papeles de música antigua hay números debajo de las notas?
  • ¿Quién pagaba a cuarenta músicos para una sola noche?
  • ¿Puedes tocar algo bien sin que nadie te haya escrito lo que tienes que tocar?
  • Si dos personas leen el mismo papel y sale distinto, ¿está una de las dos equivocada?

No las respondas todavía. Al final de la unidad volvemos a ellas.

El fragmento

Antes de poner ninguna grabación, la clase construye el acompañamiento. Cuatro notas graves y nada más: la, sol, fa, mi. Una nota cada cuatro tiempos, muy despacio, dando la vuelta sin parar.

Primero la tocan todos, al unísono, dos vueltas enteras. Solo el bajo. Suena vacío, y tiene que sonar vacío.

En la segunda parte, tres o cuatro personas con guitarra o teclado ponen acordes encima: la menor, sol, fa, mi. El bajo no ha cambiado ni una nota, y ya suena a canción.

Ahora el truco. Escribimos un 6 debajo del fa. Ese seis significa: sobre esa nota va el acorde de re menor, con el fa abajo. Y otro 6 debajo del sol: ahí va mi menor, con el sol abajo.

Mismas cuatro notas graves. Dos cifras nuevas. Y el acompañamiento es otro. Nadie ha escrito la melodía de la mano derecha: eso lo decide quien toca.

Primera página de la Toccata de L'Orfeo en un reimpreso de 1690 de la edición de Venecia de 1609: arriba las trompetas corren, y abajo el bajo son redondas que casi no se mueven

Claudio Monteverdi, dominio público, vía Wikimedia Commons

Ahora sí, la Toccata de L'Orfeo entera y sin comentarios por encima. Es lo primero que se oyó en la sala aquella noche de 1607, y hace exactamente lo que acabáis de hacer: un bajo casi quieto y todo el movimiento encima.

Qué cambió

Durante el siglo anterior, la música seria de Europa consistía en varias voces cantando líneas distintas a la vez. Suena bien y es difícil de hacer, pero tiene un problema que no se arregla: no se entiende el texto. Con cuatro voces diciendo cuatro cosas, no hay historia posible.

Hacia 1600 un grupo de músicos italianos da con la solución, y es de una sencillez casi tramposa. Una sola voz arriba, que dice el texto con la claridad de quien habla. Y debajo, dos o tres instrumentos sosteniendo la armonía para que esa voz no se quede sola.

Esa voz que habla cantando, siguiendo el ritmo de la frase en vez del de un compás, se llama recitativo. Es el invento que hace posible una historia cantada: cuando alguien recita, sabes que está hablando, y cuando se pone a cantar de verdad, sabes que está sintiendo algo.

Lo que se escribe debajo es lo verdaderamente raro. El compositor no escribe el acompañamiento: escribe solo la línea del bajo, y encima de esa línea pone números. Los números dicen qué acordes tocar. El resto —cómo repartirlos, cuándo arpegiarlos, cuánto adornar— lo decide el intérprete esa noche. Eso es el bajo continuo.

Es un reparto de trabajo, no una economía de tinta. El compositor fija la armonía y deja la textura abierta. Por eso el periodo entero se conoce como la era del bajo continuo, y por eso dos grabaciones de la misma obra pueden sonar tan distintas sin que ninguna esté mal.

Y con esto nace algo más: un grupo grande y organizado de instrumentos. La partitura de L'Orfeo que se imprimió en Venecia en 1609 trae la lista, y es la primera vez que un compositor deja por escrito quién tiene que tocar.

Portada de la edición veneciana de L'Orfeo, impresa por Ricciardo Amadino en 1609, dos años después del estreno en Mantua

Claudio Monteverdi, edición de Ricciardo Amadino, Venecia 1609, dominio público, vía Wikimedia Commons

Cuenta los instrumentos de acordes de esa lista: dos claves, dos órganos de madera, un arpa doble, dos chitarrones y un regal. Ocho instrumentos cuyo único trabajo es poner acordes sobre el bajo. Una treintena larga de músicos, y ocho de ellos dedicados a sostener.

Queda la pregunta del dinero, que es la que de verdad cambia la música. En 1607 la ópera es una fiesta de corte: la paga el duque de Mantua para sus carnavales y la ve quien está invitado. No hay entradas porque no hay público.

Treinta años después, en 1637, abre en Venecia el Teatro San Cassiano. Es el primer teatro de ópera que vende entradas. Hasta entonces los teatros comerciales solo daban comedias habladas, y la ópera era cosa privada de cortes y aristócratas.

Ese cambio se oye. Cuando el que paga es un desconocido que ha comprado su butaca, las melodías se vuelven más pegadizas, los cantantes se vuelven famosos y el que escribe tiene que competir con el teatro de al lado. La ópera deja de ser un regalo y pasa a ser un negocio.

Datos duros: L'Orfeo, Mantua, 24 de febrero de 1607, para la corte de los Gonzaga, partitura impresa en Venecia en 1609. Teatro San Cassiano, Venecia, 1637, primer teatro de ópera de pago. Ospedale della Pietà, Venecia: un orfanato de niñas abandonadas con escuela de música, donde Vivaldi fue profesor de violín y canto de 1703 a 1715 y de 1723 a 1740. Sus conciertos los estrenaban las internas.

El mismo recurso en otros sitios

Un bajo que sostiene y unos acordes que el intérprete decide no es una rareza de museo. Estos tres casos lo hacen igual, y conviene oírlos seguidos.

  • With or Without You, U2 (1987) — cuatro acordes, re, la, si menor y sol, que se repiten de principio a fin sin una sola desviación, sobre una figura de bajo que tampoco cambia. Su artículo en la biblioteca llama a eso ostinato. La banda no lee una partitura: lee cuatro acordes.
  • La folía — un esquema de acordes de origen ibérico, tan viejo que Gil Vicente ya lo cita en 1503 como danza de pastores. Desde finales del siglo XVII, músicos de toda Europa le escribieron cientos de juegos de variaciones. Es un chart de acordes que llevaba doscientos años circulando.
  • La tanpura de la música clásica de la India — cuatro cuerdas que suenan sin parar la misma nota mientras encima se improvisa todo. Es el caso límite: un bajo sin acordes. Sirve para medir exactamente qué añadió el continuo europeo.

Ninguno es mejor que otro. Los tres resuelven lo mismo: poner algo estable debajo para que lo de arriba pueda moverse.

Y aquí, ¿qué?

Aquí hubo bajo continuo, y uno de sus manuales se imprimió en Zaragoza.

Gaspar Sanz nació en Calanda (Teruel); su partida de bautismo es del 4 de abril de 1640. Pasó una temporada larga en Roma y en Nápoles, donde estuvo cerca del mundo de la ópera veneciana, y volvió con el procedimiento aprendido.

En 1674 publicó en Zaragoza, en la imprenta de los Herederos de Diego Dormer, la Instrucción de música sobre la guitarra española. Mira la portada de arriba y lee la letra pequeña: promete «un breve tratado para acompañar con perfección… resumido en doze reglas».

Doce reglas para acompañar, para guitarra, arpa y órgano. Eso es un manual de bajo continuo, escrito en castellano y publicado en Zaragoza, doce años antes de que naciera Bach.

Lámina de passacalles de la Instrucción de música de Gaspar Sanz: tablatura para guitarra barroca, firmada abajo a la derecha en Zaragoza el 6 de diciembre de 1674

Gaspar Sanz, 1674, Biblioteca Nacional de España, dominio público, vía Wikimedia Commons

Fíjate en la esquina de abajo de esa lámina: «Gaspar Sanz Invenit Cesarauguste. Sexta die Decembris anno 1674». Cesaraugusta es Zaragoza. Está fechado el 6 de diciembre de 1674.

Setenta kilómetros al suroeste, en Daroca, el organista de la colegiata de Santa María de los Corporales era Pablo Bruna (1611–1679), ciego desde los cinco o seis años. Tocaba allí desde los dieciséis, con nombramiento oficial desde 1631, y siguió hasta su muerte el 26 de junio de 1679.

Aquí la pregunta del dinero se responde distinto que en Venecia. Daroca era un centro de peregrinación, y por sus calles pasaba gente todo el año. El organista no vendía entradas: era parte de lo que uno iba a ver. Felipe IV y Carlos II paraban en Daroca para oírle tocar.

Y no todo el mundo quería irse a la capital. En 1639 el cabildo de El Pilar de Zaragoza le ofreció el puesto de organista y Bruna dijo que no. Se quedó en Daroca toda su vida.

¿Y la ópera cantada en castellano? Llegó tarde, y por razones de Estado. Con la Paz de los Pirineos y la boda de la infanta María Teresa con Luis XIV, la corona española quiso igualar lo que se hacía en la corte francesa y encargó dos obras cantadas de principio a fin a Calderón de la Barca y al compositor Juan Hidalgo.

Fueron La púrpura de la rosa (1659) y Celos aun del aire matan, estrenada el 5 de diciembre de 1660 en el Coliseo del Buen Retiro. La segunda es la ópera más antigua del mundo hispano que se conserva.

Del mismo grupo de gente sale la zarzuela. El nombre no es de un género: es de un sitio, el Palacio de la Zarzuela, cerca de Madrid, donde se representaban. Calderón fue el primero que llamó «zarzuela» a una obra suya, El golfo de las sirenas, estrenada en 1657.

El dato incómodo es el que merece decirse. En Venecia se vendían entradas para la ópera desde 1637; aquí, veinte años después, la música cantada seguía siendo cosa de palacio y de iglesia. La técnica llegó rápido y el público de pago tardó un siglo.

Para hacer en clase

  • Mientras suena la Toccata de L'Orfeo: levanta la mano cada vez que oigas cambiar la nota más grave. Al final contamos las manos. Van a ser muy pocas, y esa es la respuesta.
  • Mientras suena La folía de Corelli: un golpe seco en la mesa cada vez que el bajo vuelve al principio de la vuelta. Contamos cuántas vueltas han pasado antes de que alguien se pierda.
  • Mientras suena la tanpura: apunta en el cuaderno cuántas notas distintas has oído debajo. Comparamos las respuestas y discutimos por qué no coinciden.
  • Tocar: montamos With or Without You. Media clase solo con las cuatro notas del bajo y el resto con los acordes encima. El chart y la tablatura están en su artículo.
  • Crear: cada grupo escribe una línea de bajo de cuatro notas y dos cifrados distintos para ella. Dos grupos tocan el mismo bajo con cifrados cambiados y la clase decide cuál prefiere. No hay respuesta correcta: ese es el asunto.

Vocabulario fundamental

  • Acorde — Tres o más notas que suenan a la vez y que se apoyan sobre una nota del bajo.
  • Recitativo — Canto que sigue el ritmo del habla en vez del ritmo del compás. Sirve para que se entienda lo que pasa en la historia.
  • Bajo continuo — Una línea de bajo con cifras debajo. Las cifras dicen qué acordes van encima; cómo tocarlos lo decide el intérprete.
  • Cifrado — El sistema que nombra un acorde sin escribir sus notas. Un número en el Barroco, una letra en un chart de hoy: la misma idea.
  • Ostinato — Una figura de bajo que se repite sin cambiar por debajo de todo lo demás.

Recursos

Las canciones de esta unidad están en la biblioteca, cada una con su artículo y su chart: With or Without You, La flaca, Levitating.

Por dónde empieza todo — L'Orfeo de Monteverdi, tráiler de la producción del Teatro Real.

Qué es el bajo continuo, tocado y explicado — la Netherlands Bach Society lo desmonta con los instrumentos delante.

El mismo bajo, vuelta tras vuelta — La folía de Corelli en el arreglo de Geminiani, por Voices of Music con instrumentos originales.

La orquesta del orfanato — La primavera de Vivaldi, por Voices of Music. Música escrita para que la estrenaran las internas de la Pietà.

Aquí, en 1674 — Canarios de Gaspar Sanz, por Miguel Rincón a la guitarra barroca.

Aquí, en Daroca — un tiento de Pablo Bruna, por Ángel Montero al órgano.

El bajo sin acordes — demostración de tanpura del Metropolitan Museum of Art.