¿Cuándo empieza una melodía a decir de dónde eres?

Hay melodías que no significan nada por sí solas y que, sin embargo, una ciudad entera reconoce como suyas. Esta unidad va de cuándo empezó a pasar eso, y de qué se gana y qué se pierde cuando una música de calle entra en una sala con butacas.

📅 20 de septiembre, 2026 #curso:3-eso #tipo:unidad #estilo:romanticismo #estilo:nacionalismo #concepto:melodia #concepto:fraseo #concepto:dinamica #concepto:agogica #lugar:aragon
«La jota aragonesa», grabado de Gustave Doré para L'Espagne del barón Ch. Davillier (París, Hachette, 1874). Grabado Gustave Doré, CC BY 2.0, vía Wikimedia Commons

Nos preguntamos

  • ¿Cómo sabes dónde acaba una frase en una música sin letra?
  • ¿Por qué hay canciones que un pueblo entero considera suyas aunque no las haya escrito nadie de allí?
  • Si dos personas tocan las mismas notas, ¿en qué se nota quién es cada una?
  • ¿Qué le pasa a una jota cuando la tocan cuarenta músicos leyendo una partitura?
  • ¿Quién decidió que la jota se toca con guitarra, bandurria y laúd?
  • ¿Sirve una canción para defender algo cuando está prohibido decirlo?

No las respondas todavía. Al final de la unidad volvemos a ellas.

El fragmento

Antes de poner nada, cantamos. En la pizarra, una copla de jota de las de siempre:

  • Si tuvieras olivares
  • como tienes fantasía,
  • los molinos del aceite
  • por tu cuenta correrían.

Son cuatro versos. Pero la jota no los canta cuatro veces: los canta siete, y en un orden que no es el del papel. Primero el segundo verso, que hace de entrada; luego el primero, el segundo, el tercero y el cuarto; luego el cuarto otra vez, que es la vuelta; y se cierra con el primero. Esa distribución tiene nombre: 2-1-2-3-4-4-1.

Lo que hacemos en clase es sencillo. Marcamos el 1-2-3 con la mano, porque la jota va en compás ternario, y cantamos las siete frases seguidas. Da igual la afinación. Lo que hay que notar es otra cosa: dónde te hace falta respirar. Ahí acaba una frase.

Ahora la misma melodía, pero en otro sitio. La Jota de las Siete canciones populares españolas de Falla es una jota con piano, escrita en 1914 para cantarse en un salón o en una sala de conciertos. Escúchala entera y sin comentarios por encima. Después decidimos entre todos qué se ha ganado y qué se ha perdido.

Qué cambió

Durante siglos, la pregunta de para qué servía la música tenía una respuesta corta: para lo que quisiera quien pagaba. La iglesia pagaba misas, la corte pagaba divertimentos, el teatro pagaba óperas. En el siglo XIX aparece un cliente nuevo, y es raro, porque no tiene cara: la gente que quiere reconocerse en algo.

Fíjate en el caso extremo. Polonia desaparece del mapa como estado a finales del XVIII, y durante más de cien años no hay bandera polaca que se pueda sacar a la calle. Lo que sí se puede es tocar el piano. Chopin escribe al menos 58 mazurcas y 23 polonesas, y esas dos danzas acaban haciendo el trabajo que un estado no podía hacer.

¿Y qué tienen de polaco? Una cosa muy concreta y muy pequeña: dónde cae el acento. La mazurca va en compás ternario, como el vals, pero acentúa el segundo y el tercer tiempo en vez del primero. Si marcas el 1-2-3 y el golpe no llega donde lo esperas, ya has oído la diferencia sin saber nada de Polonia.

Aquí entra la parte técnica de la unidad, y es la que de verdad sirve para todo lo demás. Una melodía no es una fila de notas: es una fila de frases. Una frase musical es una unidad con sentido, como una frase hablada, y sabes dónde acaba porque es donde el cantante respira. A la manera de tocar respetando esas frases se le llama fraseo.

Sobre ese esqueleto, el siglo XIX coloca dos herramientas distintas para destacar una nota. La primera la conoces: la dinámica, que es acentuar con el volumen, tocando más fuerte o más flojo. La segunda no suele nombrarse en clase y hace la mitad del trabajo: la agógica, que es acentuar con el tiempo.

Acentuar con el tiempo significa alargar una nota, frenar antes de una llegada o adelantarse un poco. El teórico Hugo Riemann lo llamó acento agógico: una nota destaca porque dura más, no porque suene más fuerte. Y cuando eso se hace de forma continua y flexible, se llama rubato, que en italiano es «robado».

Carl Mikuli, que fue alumno de Chopin, dejó escrito cómo lo hacía su maestro: la mano que acompañaba iba a tiempo estricto, mientras la otra dudaba o se adelantaba, «como en el habla apasionada». Es decir, el tiempo que una mano roba, la otra lo devuelve. Dos personas tocando las mismas notas suenan distinto por esto, no por otra cosa.

Al mismo tiempo, en los países de lengua alemana, la canción popular se mete en el salón burgués por la puerta del lied: un poema, una voz sola y un piano, sin florituras de ópera. Schubert lo desarrolla desde 1814 y Beethoven escribe el primer ciclo en 1816. La melodía deja de ser un adorno del texto y pasa a ser el argumento.

Conviene decir también lo que no está claro, porque es lo más interesante. En 1852 Liszt escribió que Chopin bebía directamente de la música popular polaca, y quien lo leyó entendió «popular» donde ponía «nacional». De ahí sale lo que la investigación sobre Chopin llama su mito más duradero: lo más probable es que oyera esa música en la ciudad, en Varsovia, no en una era de pueblo.

Eso no le quita valor. Lo cambia de sitio. Una identidad musical se recoge en parte y en parte se construye, y el siglo XIX hizo las dos cosas a la vez sin pedir permiso.

Datos duros: Chopin, al menos 58 mazurcas publicadas entre 1824 y 1849, y al menos 23 polonesas para piano solo, la primera en 1817 con siete años y la última en 1846. Lied: voz y piano sobre un poema, con Schubert desde 1814 y el primer ciclo de Beethoven en 1816. Acento agógico, término de Riemann; rubato, descrito por Mikuli.

El mismo recurso en otros sitios

Una melodía que funciona como bandera no es cosa del XIX ni de Europa. Estos tres lo hacen en tres continentes y con cien años de diferencia, y conviene oírlos seguidos:

  • Sweet Home Alabama, de Lynyrd Skynyrd (1974) — tres acordes y una figura de dos compases que un estado entero adoptó como suya. Y trae el problema de propina: es una canción respuesta, con un verso sobre el gobernador de Alabama que sigue dando discusiones. Las melodías-bandera llevan política dentro.
  • Finlandia, de Sibelius (1899) — escrita cuando Rusia recortaba la autonomía finlandesa. Circuló con títulos inventados para burlar a la censura zarista; la música era la misma, el título no. Finlandia sigue sin tener himno oficial.
  • El cóndor pasa, de Daniel Alomía Robles (1913) — una melodía andina metida en una zarzuela estrenada en Lima. Perú la declaró Patrimonio Cultural de la Nación en 2004, y en 1970 Simon & Garfunkel la convirtieron en un éxito mundial en inglés.

Los tres hacen el mismo trabajo: dar a un grupo de gente algo que se puede cantar entero, de memoria y a la vez.

Y aquí, ¿qué?

Aquí la respuesta tiene nombre propio y hay que contarla despacio, porque es la mejor documentada de todas.

Qué es una jota, por dentro. Va en compás ternario, en escala diatónica y en modo mayor, y su armonía es de una simplicidad que asusta: tónica y dominante con séptima, poco más. Empieza con la llamada, cuatro rasgueos de toda la rondalla sobre el acorde de tónica, y termina con cuatro acordes muy marcados.

Entre medias alternan dos cosas. Las variaciones son instrumentales, duran ocho compases y se reparten mitad de tónica y mitad de dominante; son el sitio donde se lucen los de la rondalla. Y las coplas o cantas son lo que canta el cantador: la cuarteta repartida en siete frases que has montado en el apartado anterior.

Una precisión que se oye en cuanto te la dicen: la entrada se canta en el tono de la dominante, y por eso suena a que aún no ha empezado nada. Los cantadores antiguos usaban otra distribución de versos, 1-1-2-3-4-4-1. La de hoy, la 2-1-2-3-4-4-1, es la moderna.

Quién la toca. La rondalla de ahora es de cuerda pulsada: la guitarra hace el grave y va rasgueada, la bandurria lleva las melodías en el agudo, el laúd hace el contrapunto, y las castañuelas y las panderetas marcan. Lo que no suele decirse es que eso es una selección.

La investigación sobre folclore documenta que la jota se tocaba también con gaita de boto, chiflo, dulzaina, violines, flautas y hasta acordeones, con tambores y cántaros de percusión. La rondalla de cuerda que hoy parece «la» jota quedó fijada así en parte por la estandarización que el género sufrió durante el franquismo. Lo que se oye en un certamen no es todo lo que se cantaba.

Desde cuándo. Menos de lo que parece, y con huecos. El nombre no aparece documentado con seguridad hasta finales del siglo XVII, en un códice llamado Cifras para arpa hallado en Ávila, en el encabezado del folio 25. Demetrio Galán Bergua propuso un precedente de 1666: un villancico de José Ruiz de Samaniego, maestro de capilla de El Pilar, que ya trae los dieciséis compases de entrada típicos.

Antonio Beltrán Martínez, que es de los que mejor la estudiaron, sostiene que el género no nace antes del siglo XVIII y que se extiende por la Península en el XIX. Un dato ayuda a entenderlo: no se conocen letras de jota anteriores al XIX. Primero se bailó, y bastante después se cantó.

La escena más antigua que se puede describir con detalle es de 1828. En la narración de una conmemoración celebrada en Zaragoza en honor de Fernando VII queda documentada la costumbre de los mozos de rondar a medianoche cantando jotas ante las casas de las jóvenes, con guitarras, requintos, bandurrias, violas, violines, fagots y flautas. Eso es la calle: de noche, gratis y sin escenario.

Portada de «La Jota aragonesa, boléro pour piano» de J. B. Duvernoy, op. 309, impresa en París en 1874 y vendida a cinco francos. El editor francés la llama boléro, que no es lo mismo que una jota

Imagen: Bibliothèque nationale de France, dominio público, vía Wikimedia Commons

Cómo llegó a la sala. El primer paso lo da un aragonés y lo da con un piano. Florencio Lahoz y Otal, nacido en Alagón en 1815, se marcha a Madrid en 1840 y publica allí la Nueva Jota Aragonesa: cinco cantos, cuarenta y dos variaciones y una coda, sobre melodías de la Ribera Alta del Ebro. Se reeditó y se amplió por España y por Europa.

El segundo paso lo da un ruso. Mijaíl Glinka viaja por España y en 1845 escribe el Capricho brillante sobre la jota aragonesa, que hoy se conoce como su Obertura española n.º 1. Es una jota para orquesta sinfónica, tocada por gente que no sabía lo que era una ronda.

El tercero lo da el mercado. En 1874 una imprenta de París publica La Jota aragonesa, boléro pour piano, de J. B. Duvernoy, opus 309, a cinco francos, dedicada a una señorita. Fíjate en la etiqueta: el editor francés la llama boléro, que es otra danza y otro compás. Para vender en París daba igual; lo que se vendía era España, no la jota.

1894 es el año en que la jota se organiza. El 26 de marzo, en el Hotel Inglés de Madrid, los periodistas aragoneses Eusebio Blasco y Mariano de Cavia montan la «Fiesta a la Jota». Tocan el bandurrista Ángel Sola y Santiago Lapuente, y de ahí sale la Recopilación Lapuente-Sola, el primer gran cancionero del género.

Ese mismo año arranca en Zaragoza el Certamen Oficial de Jota, que convoca el Ayuntamiento durante las fiestas del Pilar y que se celebra desde entonces todos los años. Solo se ha interrumpido tres veces: en 1898 por la guerra de Cuba, en 1918 por la gripe y entre 1936 y 1939 por la Guerra Civil. El primero lo ganó Blas Mora, nacido en Teruel en 1861.

Un certamen cambia una música. A partir del momento en que hay un jurado, un escenario y un primer premio, cantar bien deja de ser una cosa que se hace de noche en una calle y pasa a ser una cosa que se prepara. Se gana nivel técnico y repertorio fijado; se pierde el que cantaba regular y cantaba igual.

1895: la rondalla se sube a un teatro de ópera. Tomás Bretón estrena La Dolores el 16 de marzo de 1895 en el Teatro de la Zarzuela de Madrid. La acción pasa en Calatayud, y en el primer acto entra una rondalla en escena y todos cantan una jota. Bretón había estudiado la jota en 1890 para poder escribirla.

Funcionó como pocas cosas han funcionado aquí: 53 días seguidos en Madrid y 103 en el Tívoli de Barcelona, y después Teatro Real, Liceo, Praga y Buenos Aires. Una jota de Calatayud cantada en italiano en Milán.

1919: la jota acaba en Londres. La danza final de El sombrero de tres picos de Manuel de Falla es una jota. Se estrenó el 21 de julio de 1919 en el Alhambra Theatre con los Ballets Rusos de Diáguilev, coreografía de Léonide Massine, dirección de Ernest Ansermet y decorados y figurines de Pablo Picasso.

Jota bailada en 2024 en el parque Miguel Servet de Huesca, con la rondalla sentada detrás y el grupo esperando su turno. Escenario, micrófonos y público sentado: el camino completo desde la ronda de medianoche

Foto: Azahara00, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons

Y el camino de vuelta. En 1940 el Ayuntamiento de Zaragoza crea la Escuela Municipal de Jota, cuya primera profesora de canto fue Pascuala Perié hasta 1950; Huesca abre la suya en 1975 y detrás vienen escuelas por todo Aragón. Desde 2017 la Fonoteca de la Jota, en la Biblioteca de Aragón, guarda más de dos mil grabaciones.

Lo español, a la vez. En 1891 Felipe Pedrell publica Por nuestra música, donde sostiene que España tendrá una música propia el día que la construya sobre su canto popular en vez de imitar a Italia. No es una obra: es un encargo, y sus alumnos lo aceptan.

Los tres nombres son suyos. Isaac Albéniz escribe Iberia entre 1906 y 1909; Enrique Granados, Goyescas en 1911; y Manuel de Falla, las Siete canciones populares españolas en 1914, donde la cuarta canción es, precisamente, una jota. La misma que has cantado al principio de la unidad, con un piano contestándole entre frase y frase.

Para hacer en clase

  • Mientras suena la jota del Certamen: cada uno cuenta con los dedos las frases cantadas de una copla, sin decir nada. Al final comparamos. Quien llegue a siete ha oído la estructura entera.
  • Mientras suena la mazurca de Chopin: marcamos el 1-2-3 con el pie y damos una palmada solo cuando el acento no caiga en el 1. Al principio fallaremos; a los veinte segundos, no.
  • Mientras suena el Erlkönig de Schubert: hay cuatro personajes y un solo cantante. Levantamos la mano cada vez que cambia de personaje. La pista no es la letra, es la altura y la fuerza de la voz.
  • Mientras suena la Jota de Falla: respiramos cuando respira el cantante, sin cantar. Contar respiraciones es contar frases, y es la forma más rápida de oír un fraseo.
  • Tocar: montamos la copla de jota con los instrumentos que haya, primero a una sola voz y después con un acompañamiento de dos acordes. Y luego montamos Sweet Home Alabama, que tiene su chart y su tablatura en la biblioteca, para comparar dos melodías que sirven de bandera.
  • Crear: coge una melodía que se sepa toda la clase y tócala dos veces seguidas. La segunda vez no cambies ni una nota: cambia solo la dinámica y la agógica. Si alguien nota la diferencia, la unidad ha funcionado.

Vocabulario fundamental

  • Frase — Una unidad de melodía con sentido completo, como una frase hablada. Se reconoce porque al final de ella el que canta respira.
  • Fraseo — La manera de tocar o cantar respetando esas frases, decidiendo dónde se junta y dónde se separa. Es lo que hace que dos personas con las mismas notas suenen distinto.
  • Dinámica — Acentuar con el volumen: más fuerte, más flojo, creciendo o apagándose.
  • Agógica — Acentuar con el tiempo: alargar una nota, frenar antes de una llegada, adelantarse. Cuando se hace de forma continua y flexible se llama rubato, «tiempo robado».
  • Copla — En la jota, la cuarteta que canta el cantador. Cuatro versos repartidos en siete frases musicales, con entrada, vuelta y final.

Recursos

Las canciones de esta unidad están en la biblioteca, cada una con su artículo, su chart de banda y su tablatura: La flaca, Sweet Home Alabama, La Gozadera.

Canciones de la biblioteca que también son banderas, cada una con su artículo, su chart y su tablatura: Sweet Home Alabama, La Gozadera, La flaca.

La jota cantada, hoy y con jurado — las jotas ganadoras de Lucía Claver, en Aragón Play. Cuenta las frases de una copla.

Quién toca detrás — cómo se prepara la rondalla del Certamen Oficial de Jota de Zaragoza. Guitarra, bandurria y laúd, cada una con su trabajo.

La misma jota, con piano y en una sala — Jota, de las Siete canciones populares españolas de Falla (1914), por José Manuel Montero y Aurelio Viribay. Es la audición del apartado «El fragmento».

La jota para orquesta, escrita por un ruso — Capricho brillante sobre la jota aragonesa, de Glinka (1845), por la Orchestre de la Suisse Romande.

Una rondalla dentro de una ópera — la jota de La Dolores, de Tomás Bretón (1895), dirigida por Miguel Roa. La acción pasa en Calatayud.

La jota en Londres, con decorados de Picasso — danza final de El sombrero de tres picos, de Falla (1919), por la ADDA·Simfònica.

Dónde cae el acento — Mazurca en la menor op. 17 n.º 4 de Chopin, por Eric Lu, en el canal del Instituto Chopin de Varsovia. Marca el 1-2-3 y busca el golpe.

Cuatro personajes y una sola voz — Erlkönig de Schubert, por Konstantin Krimmel y Ammiel Bushakevitz. Es la audición de la tercera actividad.

Una melodía que burló a la censura — Finlandia de Sibelius (1899), por la BBC en los Proms.

Una melodía andina que dio la vuelta al mundo — El cóndor pasa, de Daniel Alomía Robles (1913), con charango, quena y zampoña.

  • El elemento que va antes — «¿Cómo sabes por dónde vas en una música que oyes por primera vez?», sobre la forma, en la biblioteca.