¿Quién pagaba la música cuando nadie compraba entradas?

De casi toda la música de Grecia y Roma no queda ni un segundo de sonido. Queda lo que la rodeaba: quién la encargaba, dónde sonaba y para qué hacía falta.

📅 20 de septiembre, 2026 #curso:3-eso #tipo:unidad #estilo:grecia-antigua #estilo:roma-antigua #concepto:parametros-del-sonido #concepto:timbre #instrumento:aulos #lugar:zaragoza
La estela de Sícilo, mármol, siglo I o II d. C., en el Museo Nacional de Dinamarca. Encima de las letras grandes hay letras pequeñas: esas son la música. Foto: Artem.G, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons

Nos preguntamos

  • Si nadie grabó nada, ¿cómo puede alguien decir cómo sonaba?
  • ¿Alguien tocaba solo por gusto, o siempre había alguien pagando?
  • ¿Qué trabajo hacía la música que no pudiera hacer otra cosa?
  • Al escribir una melodía, ¿qué se escribe y qué se queda fuera?
  • Si dos grupos cantan la misma partitura y suenan distinto, ¿quién se equivoca?
  • ¿Por qué se conserva un instrumento de hueso y no se conserva una canción?

No las respondas todavía. Al final de la unidad volvemos a ellas.

El fragmento

Hay cuatro versos griegos que sí tienen música escrita encima. Están grabados en una columna de mármol de hace unos dos mil años. Los vamos a cantar.

El texto, con la pronunciación aproximada y la traducción:

  • Ὅσον ζῇς, φαίνου — hóson dsis, fáinu — Mientras vivas, brilla
  • μηδὲν ὅλως σὺ λυποῦ — midén hólos si lipú — no te aflijas por nada
  • πρὸς ὀλίγον ἐστὶ τὸ ζῆν — pros olígon estí to dsin — la vida dura poco
  • τὸ τέλος ὁ χρόνος ἀπαιτεῖ — to télos ho jrónos apaití — el tiempo reclama su final
Partitura del epitafio de Sícilo: la melodía en notación moderna, con la pronunciación debajo de cada nota y el texto griego debajo

Partitura: transcripción moderna grabada para esta unidad; melodía de dominio público

Primero, solo el ritmo del verso uno, con palmas: una palmada corta, una larga que dura dos, otra que dura tres. Después entran las alturas. Sobre las sílabas ho-son dsis, la melodía hace la – mi – mi, y sube de golpe una quinta en la primera sílaba. Sobre fái-nu hace do♯ – re – mi deprisa y se para en re.

Cuando ese verso salga, van los cuatro seguidos. Los cuatro duran exactamente lo mismo. La melodía entera cabe en una octava, de mi a mi, y la última nota de la pieza es el mi grave, que no aparece ni una sola vez antes.

Dos advertencias honestas. La versión que cantamos está escrita una cuarta por encima de lo que indican los signos griegos, para que llegue una voz normal. Y la velocidad no la pone la piedra: la pone quien canta.

Qué cambió

Empecemos por el dinero, que es la pregunta más útil. En Atenas, los coros de las fiestas no los pagaba el público: los pagaba un ciudadano rico al que le tocaba. Se llamaba corego, y costear los ensayos, el vestuario y el local era una obligación pública, igual que pagar un impuesto. Si ganaba, se llevaba un trípode y lo dedicaba a un dios.

Fuera del teatro, la música estaba trabajando casi siempre. En un sacrificio sonaba el aulós mientras el animal iba hacia el altar. En un trirreme, un auletés marcaba a los remeros el ritmo de la palada, y era parte de la tripulación, como el timonel. En un banquete se contrataba a quien tocara y bailara. Y en un entierro se cantaba, que es exactamente lo que estamos cantando nosotros.

El caso del ejército lo dejó escrito Tucídides al contar la batalla de Mantinea, en el 418 a. C. Los espartanos avanzaron despacio, al son de muchos flautistas, y él aclara para qué: no era cosa de religión, sino para que avanzaran todos a la vez, sin romper la formación. Es la definición más clara de función que vas a leer, y la escribió alguien que estuvo allí.

Un auleta toca el doble tubo mientras un joven empuja la cabra hacia el altar; el músico está trabajando, no actuando

Foto: Zde, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons

Y entonces, en algún momento, alguien decidió escribirla. Eso es lo que cambió. Los griegos pusieron letras encima de las sílabas del texto, y una rayita o dos para decir cuánto duraba cada una. Con eso basta para volver a cantar algo mil años después, y por eso el epitafio de Sícilo sigue existiendo.

Ahora mira lo que ese sistema escribe y lo que no. Un sonido tiene cuatro parámetros: altura, duración, intensidad y timbre. La notación griega anota los dos primeros y no dice nada de los otros dos. Ni de lo fuerte que suena, ni de con qué suena.

Prueba a comprobarlo de oído. Silba las cuatro notas del comienzo y luego cántalas: misma altura, misma duración, otro timbre por completo. El gancho de I Ain't Worried va silbado, y tocado con una guitarra serían las mismas notas y otra canción.

Ese es el parámetro que ninguna grabación del epitafio puede sacar de la piedra, porque la piedra no lo trae. Quien graba el epitafio elige si lo canta una mujer, si lo dobla una lira y si suena fuerte o flojo. La mitad de lo que oyes es una decisión de hace diez años.

Con los objetos pasa algo parecido, y conviene decirlo sin adornos. De un aulós enterrado se pueden medir los agujeros y deducir alturas aproximadas. Pero lo que hacía sonar el aulós era una caña doble, y la caña es materia orgánica que no llega hasta nosotros: quien reconstruye el instrumento tiene que fabricarla otra vez a base de pruebas. El parámetro que más define un timbre es precisamente el que falta.

Queda un tercer camino, que es mirar. En la cerámica griega hay auletas soplando, y en los mosaicos romanos hay músicos con la lira en la mano. Una imagen te dice cuántos tocaban, cómo cogían el instrumento y en qué situación estaban. No te dice ni una nota.

Tres datos duros, para tenerlos a mano:

  • Epitafio de Sícilo — mármol de Trales, en la actual Turquía, siglo I o II d. C. Se halló hacia 1883 durante las obras del ferrocarril y hoy está en el Museo Nacional de Dinamarca.
  • Himnos délficos — dos, grabados en el muro del Tesoro de los Atenienses en Delfos y hallados en 1893. El segundo, firmado por Limenio, se representó en el 128 a. C.
  • Hydraulis, el órgano de agua — inventado en Grecia en el siglo III a. C. El ejemplar mejor conservado se encontró en Hungría en 1931 y lleva una inscripción del 228 d. C.

El mismo recurso en otros sitios

El epitafio es una línea de voz sola, sin acordes debajo, sobre un texto que manda. A eso se le llama monodia, y no se acabó con Roma. Estos tres hacen lo mismo y conviene oírlos seguidos:

  • We Will Rock You — durante casi toda la canción no hay un solo acorde: hay voces, pies y palmas. Lo que la sostiene no son las notas, sino el timbre y la fuerza, que es justo lo que no se escribe.
  • Canto gregoriano — una línea, en latín, sin armonía, sin indicaciones de intensidad y sin velocidad escrita. Mil años después del epitafio, el mismo problema sin resolver.
  • Canto védico de la India — un repertorio transmitido de memoria durante unos tres mil años sin escribir una sola nota. La UNESCO lo reconoció en 2008 como patrimonio inmaterial.

Los tres resuelven la misma pregunta de formas distintas. El védico es el más interesante para nosotros: si nadie escribe nada, la única manera de conservar una música es que alguien la repita exactamente, toda la vida, delante de otro.

Y aquí, ¿qué?

De la Zaragoza romana ha llegado un edificio entero. El teatro de Caesaraugusta se construyó en la primera mitad del siglo I, cabían unos seis mil espectadores y siguió en pie hasta el siglo III, cuando empezaron a llevarse sus piedras para levantar murallas. Estuvo perdido bajo la ciudad hasta que unas prospecciones lo sacaron a la luz en 1972. Se puede visitar.

También ha llegado un suelo. En la llamada Casa de Orfeo, una vivienda señorial de finales del siglo II o comienzos del III, el comedor medía setenta metros cuadrados y estaba pavimentado con un mosaico de nueve por seis metros: Orfeo tocando y los animales parados a escuchar. Está en el Museo de Zaragoza. Quien comía ahí comía encima de un músico.

Orfeo toca la lira sentado en una roca y los animales se paran a escuchar; mosaico del suelo de un comedor de Caesaraugusta

Foto: Ecelan, CC BY-SA 3.0, vía Wikimedia Commons

Y ha llegado un poeta. Marcial nació en Bílbilis Augusta, junto a la actual Calatayud, entre el 38 y el 41 d. C., y se fue a Roma a los veintitantos. En sus epigramas describe a las bailarinas del sur de Hispania que actuaban en los banquetes romanos, y nombra el instrumento que llevaban: los crusmata baetica, unas castañuelas de metal. Buena parte de lo que se sabe de aquellas músicas viene de un bilbilitano.

Aquí está el problema de la unidad reproducido en pequeño. De la música de Caesaraugusta tenemos un edificio, un pavimento y unos versos. Tenemos el aforo, el tamaño de la sala y el nombre del instrumento. No tenemos el sonido.

Para hacer en clase

  • Mientras suena el epitafio: media clase lo canta con todo el aire y la otra media lo canta casi en susurro, a la vez. Misma altura, misma duración, distinta intensidad. Cuando acabe, decidid cuál de las dos está mal. La respuesta es que la piedra no lo dice.
  • Mientras suena el himno délfico en el aulós: contad cuántos sonidos distintos sois capaces de distinguir a la vez. El aulós tiene dos tubos y una sola persona soplando.
  • Mientras suena We Will Rock You: levantad la mano en cuanto aparezca el primer acorde. Hasta ese momento estáis oyendo monodia, igual que en Delfos.
  • Tocar: montamos We Will Rock You con la banda. El chart y la tablatura están en su artículo.
  • Crear: escribid cuatro sílabas cualesquiera y ponedles encima solo altura y duración, sin nada más. Pasádselo a otro grupo y que lo cante eligiendo timbre e intensidad. Comparad las dos versiones de la misma partitura.

Vocabulario fundamental

  • Parámetros del sonido — Las cuatro cosas que definen un sonido: altura (grave o agudo), duración (largo o corto), intensidad (fuerte o flojo) y timbre (con qué suena).
  • Timbre — Lo que te permite saber que una nota la hace un silbido y no una voz, aunque sea exactamente la misma nota.
  • Notación — El sistema para escribir música. El griego anotaba altura y duración con letras y rayitas encima del texto.
  • Monodia — Una sola línea melódica, sin acordes ni segundas voces debajo.
  • Aulós — Instrumento griego de dos tubos con caña doble, que se tocaban a la vez. Los romanos lo llamaban tibia.

Recursos

Las canciones de esta unidad están en la biblioteca, cada una con su artículo, su chart de banda y su tablatura: We Will Rock You, I Ain't Worried.

El epitafio de Sícilo cantado — los cuatro versos que trabajamos en clase.

Cómo se lee la piedra — Armand D'Angour, de la Universidad de Oxford, enseña las letras que van encima del texto, explica cómo se descifran y termina con un coro cantando el himno délfico con el aulós. Subtítulos en castellano.

El epitafio descifrado signo a signo — primero la historia de la piedra, después la melodía y por último el ritmo: de dónde sale cada nota y cada duración de lo que cantamos en clase.

Un himno délfico en el instrumento de verdad — Barnaby Brown toca el peán de Ateneo en una reconstrucción del aulós del Louvre.

El aulós a pleno rendimiento — Callum Armstrong toca los dos tubos a la vez y respira sin dejar de soplar. Fíjate en cuántos sonidos salen de una sola persona.

Los tres ritmos de Aristóxeno — Lina Palera, con la lira, cuenta cómo entendían el ritmo los griegos: no basta con que los sonidos lleguen a intervalos regulares, hace falta que unos pesen más que otros. Al tiempo fuerte lo llamaban tesis y al débil, arsis. De ahí salen sus tres ritmos básicos: el dactílico, de dos tiempos; el yámbico, de tres, y el peónico, de cinco. Son los mismos 2/4, 3/4 y 5/4 que escribimos hoy. Está en inglés: activa los subtítulos automáticos en castellano.

La pieza que falta — cómo se fabrica hoy la caña doble del aulós, la parte del instrumento que no llega en ninguna excavación.

La cítara — Peter Pringle enseña una reconstrucción de la cítara de la Grecia clásica: cómo está hecha, cómo se sujeta y cómo suena con cuerdas de seda.

Afinar sin afinador — cómo se afinaba una lira en la Antigüedad, cuerda a cuerda y de oído, siguiendo lo que cuentan los tratados griegos.

Tres maneras de repartir las notas — los griegos afinaban el mismo grupo de cuatro cuerdas de tres formas distintas, y una de ellas usa notas que no existen en un piano. Se oyen las tres.

El órgano de agua — el hydraulis reconstruido, dentro del European Music Archaeology Project.

El órgano de agua por dentro — una animación de cómo funcionaba: las bombas, el depósito de agua que mantiene la presión y las válvulas de cada tubo.

El músico del mosaico — el mito de Orfeo y Eurídice en menos de cinco minutos, animado por TED-Ed. Orfeo es el que toca en el suelo de la Casa de Orfeo.

Una línea sola, mil años después — canto gregoriano por el coro de monjes de Santo Domingo de Silos.

Conservar sin escribir — la tradición del canto védico, en el canal de la UNESCO.

El teatro que había debajo de Zaragoza — los museos de la Ruta de Caesaraugusta, por los cincuenta años del hallazgo.

La monodia en el pop — We Will Rock You, Queen (1977).